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Túnez, entre carisma y culturas: la vida consagrada llamada a renovar vínculos y misión

En nuestra vida en común, ¿hacia dónde nos dirigimos? ¿Qué alimenta el fuego interior y qué lo apaga? ¿Dónde está el centro de nuestra existencia? ¿Qué significa formar el corazón? ¿Qué cambios estamos llamados a acoger para que nuestra vida sea signo de esperanza? ¿Cómo dar testimonio de una paz desarmada que viene de Dios? ¿Qué recibimos del pueblo con el que convivimos y cómo repercute ello en el carisma?
Y hoy, ¿de qué modo ofrecer nuestra contribución al crecimiento de una sinodalidad misionera?

Estas son algunas de las preguntas en las que la Hna. Simona invitó a detenerse durante los encuentros del Dicasterio con la Conferencia de Superiores Mayores y Delegados de Túnez (COSMADT) y con los consagrados y consagradas presentes en el país. Los encuentros tuvieron lugar en Túnez, del 21 al 24 de marzo de 2026, durante la visita de la Prefecta, Hna. Simona Brambilla, M.C., junto con el P. Vincent Hanicotte, C.C.N., Oficial del Dicasterio.

A su llegada a Túnez, el encuentro con el obispo, Mons. Nicolas Lhernould, ofreció una visión de la Iglesia local, en la que los consagrados constituyen “la columna vertebral”. Los miembros de la COSMADT presentaron, en el diálogo compartido, la historia del cristianismo en Túnez y la situación actual de la vida consagrada en el país.

En el diálogo con los consagrados y consagradas, el 22 de marzo, la Hna. Simona retomó estas preguntas a la luz de los desafíos actuales: vocación e identidad, opciones formativas, dimensión relacional y servicio de la autoridad.

El P. Vincent presentó la misión del Dicasterio y la articulación de sus actividades según las diversas áreas de competencia.

La Hna. Simona, al contemplar el camino sinodal que estamos llamados a recorrer, puso en contraste dos modos de caminar juntos: un camino cerrado, autorreferencial, marcado por la desolación; y un camino orientado a Dios, misionero, que libera, sana y enciende el deseo de estar con Jesús y de comunicarlo. Esta es la sinodalidad cristiana.

En la continuación de los encuentros y en la asamblea de la COSMADT, el 23 de marzo, la Hna. Simona volvió a centrar la atención en el corazón de la persona. Señaló el discernimiento como senda que lleva a reconocer aquello que conduce a Cristo y tomar distancia de aquello que aparta de Él, hasta alcanzar la unidad interior y la coherencia entre vida y anuncio. Recordó también el acompañamiento personal, con encuentros regulares, como medio necesario para una formación seria que ilumine las dinámicas interiores de la persona.

En el diálogo con los presentes, la Hna. Simona subrayó la necesidad de una conversión que transforme las relaciones: reconocer y sanar las heridas, reconstruir los vínculos, abrir caminos de perdón.

Durante la asamblea se recordó la importancia de la inculturación y de la interculturalidad evangélica y carismática como “exigencia ineludible”. El diálogo entre carisma y culturas no es solo una necesidad, sino también una oportunidad y un don: ocasión para reconocer las riquezas que Dios ha puesto en cada pueblo. Perder esta posibilidad significa renunciar al encuentro con la experiencia humana y espiritual de un pueblo y, al mismo tiempo, al contacto con una experiencia de Dios única y original confiada a ese pueblo.

De la voz de la Asamblea brota un vivo agradecimiento por cuanto se ha vivido. La Hna. Simona y el P. Vincent regresaron a Roma profundamente agradecidos y enriquecidos por esta experiencia. Encuentros como este sostienen y alimentan el deseo y la alegría de vivir con renovado compromiso la consagración, la misión y el servicio eclesial.