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Colombia, nacer de nuevo: la novedad del Evangelio

De la asamblea de Superiores mayores a los encuentros con contemplativas, jóvenes y responsables eclesiales; del proyecto Red Tamar a las comunidades afectadas por el terremoto. El Cardenal Ángel Fernández Artime y la Hna. Angélica María Hernández Ochoa en Colombia del 8 al 15 de octubre, entre escucha, discernimiento y renovación de los carismas.

«Colombia necesita una vida consagrada que no se limite a hablar de esperanza, sino que la haga posible; que no se limite a celebrar el banquete del Reino, sino que abra espacios para que muchos puedan sentarse a la mesa». El Cardenal Ángel Fernández Artime, Pro-Prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, dirigió estas palabras a los participantes en la LXV Asamblea General de la Conferencia de Religiosos de Colombia (CRC), reunida en la Universidad Santo Tomás de Bogotá en torno al tema «Nacer de nuevo: una vida religiosa transformada y profética».

Junto con la Hna. Angélica María Hernández Ochoa, oficial del Dicasterio, el cardenal se reunió en Bogotá con las mujeres víctimas de la trata acompañadas por el proyecto Red Tamar y, en la diócesis de Soacha, con las consagradas y los consagrados de Soacha y Ciudad Bolívar. El diálogo incluyó también a Superiores mayores, comunidades contemplativas, jóvenes y responsables eclesiales.

 

Hacer más humana la vida de las comunidades

La vida consagrada, afirmó el cardenal Fernández Artime, continuará mientras exista la Iglesia. No basta con preocuparse por los números, las dificultades y las estructuras. Es necesario preguntarse cómo emplear lo que se posee y qué decisiones tomar para ser libres en la misión, viviendo aquello para lo que nacieron los carismas, con la novedad del Evangelio. El cardenal reiteró el sentido de la visita: estar cerca de las consagradas y los consagrados en Colombia, conocer directamente sus realidades y acompañar su camino.

La Hna. Angélica profundizó en el valor de las normas canónicas al servicio de la vocación, haciendo referencia a la corresponsabilidad, el gobierno de los institutos y la protección de las personas. Los carismas, recordó, son dones del Espíritu Santo para toda la Iglesia, no instrumentos al servicio de proyectos personales.

«¿Qué podemos hacer para que la vida sea más humana?». El diálogo con los Superiores mayores abordó las cuestiones relativas al ejercicio de la autoridad, la calidad de las relaciones y la formación permanente. En las respuestas del Dicasterio, la delicadeza, la ternura y la paciencia van acompañadas de la determinación necesaria para afrontar las dificultades: lo que no se afronta no desaparece, se multiplica.

Escuchar antes de decidir, discernir antes de actuar, acompañar después de haber decidido: esta fue la exhortación dirigida a los Superiores mayores por el Nuncio apostólico, Mons. Angelo Accattino, quien transmitió el saludo y la bendición del Papa León XIV. La Hna. Patricia Milena Osorno Zuluaga, presidenta de la CRC, invitó a vivir las dificultades como un tiempo de poda, buscando juntos, en la comunión de los carismas, y haciendo de las comunidades lugares de reconciliación.

En los encuentros con las asociaciones de fieles, el Dicasterio profundizó en los criterios para reconocer nuevos carismas: centralidad de Cristo, originalidad, formación y calidad de las relaciones, más allá del éxito de las obras. A los vicarios episcopales se les recordó su tarea de favorecer la comunión con las diócesis, respetando la autonomía de los institutos. El diálogo dio espacio también a las comunidades contemplativas y a las expectativas de las nuevas generaciones.

 

En Pereira, comunidades que se hacen hogar

El terremoto del 10 de agosto dañó casas y obras de varias congregaciones. A la asamblea llegaron testimonios de comunidades que, pese a haberse visto directamente afectadas, continuaron asistiendo a la población. En Pereira, las Adoratrices fueron acogidas por las Vicentinas y las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia por los Misioneros Javerianos. En Quibdó se derrumbó la casa de las Carmelitas.

En Pereira, el 14 de octubre, el Cardenal y la Hna. Angélica, acompañados por la hermana Cristina Angel Castro, visitaron el colegio y el taller de las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, dedicados a las mujeres que habían salido de la prostitución y destruidos por el terremoto. Se reunieron con las consagradas y visitaron la residencia para personas mayores de las Hermanas de San Pedro Claver. En la catedral, el cardenal presidió la Eucaristía en presencia de fieles laicos, consagradas y consagrados.

El Dicasterio expresa su gratitud a la Conferencia de Religiosos de Colombia, a su Presidenta, a la Conferencia Episcopal de Colombia y a los Pastores que acogieron la visita. Agradece a las consagradas y los consagrados de todas las generaciones, que continúan sirviendo en las calles, en los hospitales, en el campo y en los barrios, compartiendo casas y recursos con quienes más los necesitan.

 

Para profundizar

 

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