«La evangelización es una dinámica de encuentro que toma cuerpo dentro de un contexto relacional, entre personas y entre culturas. Cuanto más nos acercamos a las raíces vitales de una persona o de un pueblo, más nos reconocemos hermanos y hermanas en humanidad».
¿Cómo anunciar el Evangelio entre pueblos y culturas diferentes? ¿Quién es realmente el misionero? ¿Qué significa encontrarse con el otro? ¿Cómo reconocer la obra de Dios?
Estas son algunas de las preguntas que atravesaron la reflexión de la Hna. Simona Brambilla durante la 22ª Asamblea General de la UCESM (Unión de Conferencias Europeas de Superiores Mayores), reunida en Marija Bistrica, Croacia, sobre el tema «La vida religiosa y las culturas: las consecuencias para nuestra vida y nuestra misión».
La 22.ª Asamblea General de la UCESM (Unión de Conferencias Europeas de Superiores Mayores) reunió en Marija Bistrica a representantes de las Conferencias de Superiores Mayores procedentes de 21 países europeos en torno al tema «La vida religiosa y las culturas: las consecuencias para nuestra vida y nuestra misión». La cultura de la protección, el mundo digital, la interculturalidad, la cultura juvenil y el futuro de la UCESM marcaron unas jornadas de diálogo, oración y celebraciones compartidas con la Iglesia local. La Prefecta del Dicasterio para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica participó en el encuentro junto con la Dra. Daniela Leggio, una de las Responsables de Sección del Dicasterio.
En su intervención, la Hna. Simona se adentró en el corazón de la relación entre Evangelio y culturas. No se puede ignorar la realidad de quienes reciben el anuncio, recordó, porque la inculturación no es una concesión secundaria ni una mera estrategia pastoral, sino una exigencia intrínseca de la misión de la Iglesia. Evangelizar significa entrar «con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos» para que Cristo pueda ser conocido y acogido a partir de su experiencia humana y cultural. Significa acoger lenguas, símbolos, modos de pensar, de sentir y de expresarse como lugares en los que la gracia desea habitar y actuar.
No existen culturas en abstracto. Existen personas que crecen en una cultura, la reciben, la encarnan, la transforman y la transmiten. Por eso, «no hay vida ni misión fuera del encuentro y, por tanto, de la relación». Cuanto más se profundiza en la relación, más nos acercamos a las raíces vitales de una persona o de un pueblo y más nos reconocemos hermanos y hermanas en humanidad.
De aquí surge también el rostro del misionero. Comentando el pasaje evangélico de Lc 10,1-10 sobre el envío de los setenta y dos discípulos, la Hna. Simona destacó que el envío no es una aventura solitaria, sino una cuestión relacional. El marco trazado por la Prefecta pasa por palabras como debilidad, desarme y entrega. «Manos vacías, pies descalzos, pobreza radical». No el recurso a estructuras de poder, sino la pequeñez desarmante. No el misionero en el centro del anuncio, sino «el rostro de Dios que podemos, con sencillez, hacer transparente y accesible».
El primer acto misionero no consiste en llevar algo, sino en entrar, ofrecer el saludo de paz, dejarse hospedar, acoger, comer y beber lo que el otro ofrece, permanecer. No corresponde al enviado forzar nada ni privar al otro de su libertad y responsabilidad. Se trata más bien de reconocer el bien ya presente y darle un nombre. «Evangelizar implica el reconocimiento de una presencia que ya está actuando».
«¿Qué debemos hacer para realizar las obras que Dios quiere?». En la Misa de apertura de la Asamblea, el P. Jānis Melnikovs, SJ, presidente saliente de la UCESM, retomó la pregunta del Evangelio indicando una opción: ante el mal, la violencia, el cinismo y la intolerancia, se puede elegir rendirse o actuar de manera opuesta y romper «el círculo vicioso del cinismo, de la intolerancia y del mal». La vida y el mundo están llenos de incertidumbre, inseguridad, ambigüedad, significado e insignificancia al mismo tiempo; buscar una vida sin dudas y sin riesgos equivaldría a buscar un mundo que no existe. Por eso, la fe no es una certeza inquebrantable en lo imposible, sino «el valor de convivir con la incertidumbre». De ahí la invitación dirigida a los participantes: «Intentadlo y veréis qué sucede».
La Asamblea concluyó con la elección del nuevo Comité Ejecutivo de la UCESM. Fue elegida presidenta la Hna. Ângela de Fátima Coelho da Rocha, ASM (Portugal); vicepresidente, fray Miljenko Hontić, OFMConv, (Croacia); y consejera, la Hna. Alfonsa Karapata, MSSR, (Ucrania).
En Marija Bistrica estuvieron presentes representantes de las Conferencias de Superiores Mayores de Albania, Bélgica, Bosnia y Herzegovina, Croacia, República Checa, Alemania, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Eslovaquia, Eslovenia, Suiza y Ucrania.
Que la vida consagrada, en Europa y en todo el mundo, sea una «casa acogedora, sacramento de encuentro y de salvación, escuela de comunión para todos los hijos y las hijas de Dios»: este fue el deseo que la Hna. Simona Brambilla confió a los participantes en la Asamblea. Una vida consagrada llamada a ser expresión viva de una «Iglesia sinodal hecha de vínculos que unen en la comunión y de espacios para la diversidad de cada pueblo y de cada cultura».