El Dicasterio en Tanzania: formación compartida, nuevas responsabilidades, presencia en las periferias y servicio sin distinciones
Consagradas de distintos institutos y países que se forman juntas; jóvenes religiosas que se preparan para asumir nuevas responsabilidades; comunidades cercanas a mujeres, jóvenes y niños en las periferias; un servicio dirigido a cristianos y musulmanes sin distinciones. Esta es la realidad que el Dicasterio pudo conocer de cerca durante el viaje a Tanzania, realizado para participar en el encuentro de la Catholic Sisters Initiative, promovido por la Conrad N. Hilton Foundation, y visitar algunas de las iniciativas que la Fundación sostiene en África.
Del 8 al 12 de junio de 2026, el Dicasterio, representado por el P. Aitor Jiménez Echave, C.M.F., Subsecretario, y por Daniela Leggio, Jefa de la Oficina para la Promoción y la Formación, participó en las jornadas dedicadas a dar a conocer programas de formación de las religiosas y de cercanía a las personas más vulnerables, junto con experiencias de colaboración entre congregaciones. El tema elegido para las jornadas fue: «Caminar juntos en la solidaridad y la esperanza: fortalecer las comunidades y promover un impacto compartido para el bien común».
Las jornadas del 8 y 9 de junio estuvieron dedicadas a las visitas a Bigwa, en la región de Morogoro, y a Tandale, en Dar es Salaam. Del 10 al 12 de junio, la delegación participó en el encuentro internacional junto con más de 130 religiosas procedentes de 23 países, responsables eclesiales, estudiosos, colaboradores de los programas y laicos comprometidos en ellos.
«Escucha profunda» para trabajar juntos
En su mensaje de bienvenida, la Hna. Jane Wakahiu, LSOSF, Vicepresidenta asociada de Operaciones de Programas y responsable de la Catholic Sisters Initiative, invitó a la escucha y a la apertura. Habló de «diálogo intencional», de «escucha profunda» y de la necesidad de compartir modelos de colaboración capaces de sostener a las comunidades y de responder a necesidades en constante transformación.
Entre los invitados llegados de Roma se encontraban el arzobispo Fortunatus Nwachukwu, Secretario del Dicasterio para la Evangelización; la Hna. Alessandra Smerilli, F.M.A., Secretaria del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; Mons. Luis Manuel Ali Herrera, Secretario de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores; y Nataša Govekar, Directora teológico-pastoral del Dicasterio para la Comunicación. También estaban presentes el P. Hans Zollner, S.I., director del Instituto de Antropología de la Pontificia Universidad Gregoriana, y Lavinia Rocchi Carrera, Secretaria general de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, con la experiencia del Observatorio Mundial de las Mujeres.
La Iglesia en Tanzania participó a través de sus pastores y organismos. El arzobispo Jude Thaddaeus Ruwa’ichi, de Dar es Salaam, presidió la celebración de apertura; el Nuncio Apostólico, el arzobispo Angelo Accattino, presidió la celebración conclusiva.
Más allá de las normas, una cultura de la protección
El 12 de junio, el P. Aitor Jiménez Echave intervino en la mesa redonda titulada «Más allá del mero cumplimiento de las normas: promover una cultura de la protección para todos».
El diálogo abordó las responsabilidades compartidas en la protección de las personas y la integración de esta protección en los programas formativos, los lugares de trabajo y las obras eclesiales. La protección no se presentó como una obligación aislada, sino como un cuidado que concierne a las comunidades, los ministerios y a cuantos prestan servicio en ellos.
En la mesa redonda participaron también el arzobispo Nwachukwu, Mons. Ali Herrera, el P. Zollner y religiosas comprometidas en los ámbitos jurídico y teológico. La dignidad humana, la escucha de quienes han sufrido abusos y la construcción de entornos seguros constituyeron el terreno común del diálogo.
En Bigwa, estudiar para servir
Antes del encuentro de Dar es Salaam, la delegación se desplazó a Bigwa. En la Bigwa Sisters Secondary School y en el Bigwa Holistic Formation Centre, varias comunidades trabajan juntas para ofrecer itinerarios que abarcan desde la educación secundaria hasta los estudios universitarios y la preparación de las religiosas llamadas a desempeñar responsabilidades de formación y de gobierno.
A través de los programas Higher Education for Sisters in Africa — HESA y Sisters Leadership Development Initiative — SLDI, consagradas de distintas congregaciones pueden continuar sus estudios y prepararse para servir en sus propios institutos. Las estudiantes de HESA hablaron de la universidad como una responsabilidad hacia sus congregaciones, la Iglesia, sus comunidades y sus países de origen. Junto con los estudios, participan en la catequesis, en la vida litúrgica y en actividades dirigidas a la población local.
Una joven del distrito de Kilosa relató que la ayuda recibida en Bigwa y una beca de ASEC le permitieron llegar a la Saint Augustine University de Mwanza, donde estudia Ciencias de la Educación. Desea ser profesora, apoyar a las chicas de familias pobres y ser «voz de quienes no tienen voz».
«Después de haber recibido esta oportunidad de crecer —relató—, estoy segura de que podré ayudar, a mi vez, a otras personas a crecer».
En Tandale, las imágenes se convierten en un lenguaje común
Al día siguiente, la delegación visitó el Centro Salome, situado en la iglesia católica de Tandale. Allí, las religiosas llevan adelante la Sisters Led Youth Initiative — SLYI, dirigida a jóvenes en situación de desventaja y vulnerabilidad, y el programa SCORE ECD, dedicado al desarrollo de la primera infancia.
Los itinerarios implican a jóvenes, madres y niños. En ellos participan mujeres cristianas y musulmanas, acogidas sin diferencias por su pertenencia religiosa.
Algunas de ellas no han tenido la posibilidad de aprender a leer y escribir. Las imágenes se convierten entonces en un instrumento esencial para hablar de salud, alimentación, crecimiento y cuidado de los niños. La formación se confronta con la vida de las personas, con sus posibilidades reales y con los lenguajes que permiten a cada una participar.
En Bigwa, el estudio prepara para asumir nuevas responsabilidades. En Tandale, lo aprendido llega a las familias y a las personas más vulnerables. En ambos lugares, congregaciones distintas trabajan en una misma dirección.
Tras las obras, un trabajo discreto
En la mesa redonda dedicada al «testimonio profético y compasivo en acción», Daniela Leggio presentó a las consagradas reunidas en Dar es Salaam el servicio del Dicasterio.
Tras una comunidad de religiosas que dirige una escuela en una zona rural; tras las religiosas que acompañan a personas obligadas por la guerra a abandonar su tierra; tras los jóvenes consagrados que buscan una formación adecuada a pesar de la escasez de recursos; tras las comunidades en las que personas de distintas edades, culturas y sensibilidades aprenden a vivir relaciones fundadas en el Evangelio, se encuentra el trabajo, a menudo discreto y poco conocido, del Dicasterio, que acompaña esta pluralidad de vocaciones, carismas y misiones.
El Dicasterio está llamado a «promover, animar y regular» las distintas formas de consagración, a sostener la formación y el discernimiento, a ayudar a las comunidades a renovarse, a custodiar relaciones sanas y a proteger a cada persona.
Es un trabajo hecho de escucha, estudio, diálogo, visitas, actos jurídicos y discernimiento. También afronta las situaciones más frágiles: institutos marcados por la disminución de sus miembros, dificultades de gobierno, tensiones internas, abusos o procesos de renovación que requieren tiempo y acompañamiento. En estos casos, el Dicasterio busca, junto con los institutos, caminos capaces de unir realismo y esperanza, como sucede precisamente en Bigwa y Tandale.
Caminar juntos
«Gracias por caminar con nosotras en este itinerario de educación, formación y servicio», dijeron las estudiantes de HESA.
A su agradecimiento, el Dicasterio responde expresando su gratittud a la Tanzania Catholic Association of Sisters, a la Conrad N. Hilton Foundation, a los responsables de los programas y a las comunidades que acogieron a la delegación. Su colaboración sostiene ese servicio «en salida» que permite al Dicasterio llegar a los lugares donde las consagradas y los consagrados viven y desarrollan su misión.