Istituti-secolari-Madrid-CMIS-2026---4.png Istituti-secolari-Madrid-CMIS-2026---4.png

Del 18 al 22 de agosto, Madrid acogió el Congreso y la Asamblea de la Conferencia Mundial de Institutos Seculares 2026: 240 participantes, 30 países presentes y 102 institutos seculares representados, reunidos en torno a una pregunta: «En el corazón del mundo, ¿qué profecía de esperanza?»

En nombre del Dicasterio participaron la Hna. Simona Brambilla, Prefecta, y la Dra. Rosalba Rossi, oficial.

Entre los momentos más significativos destacó la reflexión de la Hna. Simona Brambilla, Prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, titulada «Vivir dentro».

Vivir dentro significa habitar plenamente la historia, las personas y las realidades de nuestro tiempo: no desde los márgenes, sino como semilla y levadura, una presencia discreta capaz de transformar desde dentro.

La consagración secular está llamada a contribuir a la transformación evangélica no solo de las personas, sino también de los tejidos culturales, las relaciones y las estructuras de la sociedad, mediante la escucha, la humildad, el respeto, la empatía y el discernimiento: reconocer lo que humaniza y lo que deshumaniza.

En este camino, la ecología integral invita a pasar de la lógica del dominio, del consumo y del descarte a una cultura de reciprocidad, cuidado, sobriedad, comunión y servicio.

La provocación de Madrid es fuerte: tener el corazón inmerso en Dios y vivir plenamente dentro del mundo, reconociendo en la vida cotidiana las semillas de futuro y los brotes de esperanza que el Espíritu hace nacer.

La profecía de los Institutos Seculares no pasa necesariamente por la visibilidad, sino por la presencia: estar, compartir, escuchar, servir y transformar desde dentro, llevando a las realidades humanas la mirada y el corazón de Cristo.

Un don y una misión para retomar el camino desde Madrid y seguir viviendo, cada día, en el corazón del mundo como una profecía de esperanza

Y junto a la reflexión: Eucaristía, fraternidad, diálogo y la alegría de reconocerse parte de una realidad internacional, diversa en sus historias y sensibilidades, pero unida por la misma llamada.