En el marco del acompañamiento a la vida consagrada y del diálogo con la Conferencia Cubana de Religiosas/os (CONCUR), del 25 al 30 de noviembre de 2025 tuvo lugar la visita a Cuba del Cardenal Ángel Fernández Artime, Pro-Prefecto del Dicasterio para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, junto con Daniela Leggio, Jefa de Sección del Dicasterio.
Cuba custodia una viva tradición de fe y ha conocido a lo largo del tiempo una rica experiencia eclesial. Hoy la Iglesia continúa su misión pastoral con formas a menudo más esenciales, como presencia de comunión y de cercanía a las personas. En un tiempo en el que no pocos tienen dificultad para reencontrar un sentido profundo de la vida y del futuro, la vida consagrada —aunque numéricamente limitada— se presenta como una pequeña llama de esperanza, preciosa y necesaria.
Esta esencialidad del presente pide a los carismas expresarse con discernimiento y fidelidad a la propia identidad, adaptándose a las situaciones concretas y permaneciendo cercanos a las personas. En esta perspectiva, la presencia de religiosas y religiosos procedentes de 65 países hace visible la universalidad de la Iglesia en el entramado eclesial de la Isla.
A la luz de esta riqueza de procedencias y de dones, el Pro-Prefecto, Cardenal Fernández Artime, manifestó la intención de sensibilizar a los Superiores y a las Superioras de los Institutos para que, en la medida de lo posible, se salvaguarde y se sostenga la presencia de la vida consagrada en el País.
El programa comenzó el 25 de noviembre en La Habana, donde el Cardenal Fernández Artime tuvo un encuentro con religiosas y religiosos de la Arquidiócesis. El diálogo ofreció la ocasión para compartir experiencias, desafíos y esperanzas de la vida consagrada y para renovar la confianza en el testimonio cotidiano de los consagrados. En esa ocasión, el Pro-Prefecto recordó el valor de la fidelidad discreta y de la cercanía al pueblo: «La vida consagrada en Cuba es un signo de esperanza que nace de la fidelidad silenciosa, del servicio humilde y de la cercanía concreta al pueblo».
El 26 de noviembre la delegación, junto con el Presidente de la CONCUR, P. Ricardo Alberto Sola Ros, Sch.P., y algunos miembros del Consejo, se trasladó a El Cobre. Allí, al día siguiente, 27 de noviembre, tuvo lugar el encuentro con los consagrados y las consagradas de las diócesis de Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo. La cita permitió una escucha recíproca y una reflexión compartida sobre la misión de la vida consagrada en las respectivas Iglesias particulares, poniendo de relieve la necesidad de encontrarse con más frecuencia para sostenerse en la misión. La jornada alcanzó su culmen en la celebración de la Eucaristía en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba: una etapa que puso de manifiesto la dimensión orante de la vida consagrada y su arraigo en la fe del pueblo de Dios.
El 28 de noviembre, tras el regreso del Cardenal Fernández Artime a La Habana, Daniela Leggio, junto con los miembros de la CONCUR, continuó la visita hacia Camagüey. El 29 de noviembre se realizó el encuentro con religiosas y religiosos de las diócesis de Camagüey y de Ciego de Ávila, en un clima de diálogo fraterno sobre los principales interrogantes pastorales y sobre las formas concretas de colaboración y de apoyo mutuo entre comunidades y carismas.
Durante esta cita, Daniela Leggio subrayó el valor de estos momentos de intercambio, que fortalecen la comunión y animan un camino compartido: «Estos días de encuentro han fortalecido la comunión y el deseo de caminar juntos, escuchando la riqueza de las voces de cada comunidad y de cada carisma. Al venir aquí se descubre también tanta belleza y la manera en que el Reino de Dios se hace presente».
El itinerario concluyó el domingo 30 de noviembre en Santa Clara con el encuentro con la vida consagrada de la diócesis, una presencia misionera atenta a los más frágiles y arraigada en la comunión eclesial.
A lo largo del viaje, los encuentros con la vida consagrada en las distintas diócesis y algunas visitas a comunidades —acompañadas por el compartir las comidas y las experiencias— favorecieron un conocimiento directo y ofrecieron valiosas ocasiones de fraternidad y de intercambio.
En cada encuentro emergió con claridad una misma experiencia madurada por los consagrados: la capacidad de acoger, acompañar y centrarse en lo esencial, en la sencillez del Evangelio.
Para el Dicasterio, ha sido un gran don poder constatar de primera mano la fidelidad de tantas consagradas y de tantos consagrados que, incluso en condiciones no fáciles, continúan viviendo su vocación con sencillez, perseverancia y entrega al pueblo de Dios. En este signo de comunión y de esperanza, el Dicasterio renueva su cercanía a la vida consagrada en Cuba y anima a continuar la misión, en fidelidad al don recibido.